Periodismo puro, en el horno

Los trabajadores de Editorial Perfil empezamos el año agobiados. Porque no sólo los salarios nos aprietan tanto que dan calor: como siempre a esta altura del año, la central de aire acondicionado se descompuso. El edificio no tiene otro sistema de ventilación y, en el microcentro, tener las ventanas cerradas o abiertas no cambia mucho las cosas: ni siquiera existe el consuelo de un chiflete reparador.

El viernes 12 de enero la Comisión Interna convocó a una asamblea exigiendo a la empresa un paliativo. No era chiste: algunos compañeros comenzaron a deshidratarse. Recursos Humanos contestó que había sugerido a los jefes que el personal más afectado por el sofocón abandonara el edificio. En suma, que permanecieran en sus puestos hasta que el malestar se tornara intolerable. Con todo, pocos jefes transmitieron la existencia de tal minuta. Cada vez hay menos tropa y eso afecta a todos. ¿Con quiénes iban a cerrar los editores sus publicaciones?

El surrealismo perfiliano rozaba cotas inéditas: sin reparación del aire a la vista, sin ventiladores y sin voluntad para que el personal pueda retirarse antes de derretirse, sólo restaba organizar un desmayo colectivo. Sin embargo, se propusieron medidas menos extremas: que se enviara a buscar a la gente a sus casas con una infantería de remises, que los jefes autorizaran vales de taxi para regresar al otro día con ventiladores hogareños, y hasta que se gestionara un canje de publicidad para surtirnos de ventilación de emergencia (cambiar en el Diario Perfil la cara de Astiz por un aviso de Frávega no era mala idea).

Pero el lunes 15 el aire volvió a funcionar. Nadie tiró manteca al techo. Además, no es sólo un problema mecánico: los sábados, día de cierre del diario, el aire acondicionado no se enciende. ¿Perfil adhiere a las restricciones eléctricas solicitadas por el gobierno? Mmm…. más difícil que muñeco de torta soplando velitas. Ahora, si la empresa pretende ahorrarse unos pesos con el sudor de sus empleados, podría incorporar un par de masajistas y apostar al rubro de los saunas.

El maltrecho equipo de ventilación es el mismo de los tiempos del Pami (los ex inquilinos de Chacabuco) y su mecanismo sigue –confió personal del sector– “atado con clips”: puede volver a colapsar en cualquier momento. Otro sería el cuento si el piso 14 no tuviera refrigeración propia ¿verdad?

Epígrafe: En la recepción del edificio de Chacabuco 271, entre las exequias del Muro y los ojos resignados de José Luis Cabezas, un grupo de compañeros pegó este cartel. Periodismo puro… pero sin aire.

Pastillita: Durante la asamblea donde se discutió cómo paliar el sofocón, ingresó en el edificio un médico (bastante más barato que cuatro docenas de ventiladores) y salió Juan José Sebreli, transpirado como si volviera de hombrear bolsas en el puerto. “Los compadezco, muchachos, esto es un infierno”, se solidarizó el mentor intelectual del suplemento Cultura del Diario Perfil.

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