Entrevista a las delegadas de La Nación

“A LA EMPRESA LE DA MUCHO MIEDO CUANDO LOS TRABAJADORES ESTÁN JUNTOS Y ORGANIZADOS”

Los trabajadores del diario La Nación consiguieron un aumento salarial de 500 pesos, además de abrir la discusión sobre horas extras, feriados trabajados que no se pagan y distintos beneficios que cobra sólo una parte del personal. Con la primavera, eclosionó el conflicto: el 21 de septiembre pasado, una asamblea en la mismísima redacción del centenario matutino que fundó Bartolomé Mitre pidió una recomposición de 2.000 pesos para todos los trabajadores de la empresa.

Gladis Brotzman trabaja en la sección Reclamos y es delegada desde hace 10 años, mientras que Silvia Acero cumple funciones en la Gerencia Comercial y forma parte de la Comisión Gremial Interna desde hace 22. Nuestro Perfil dialogó con ambas para conocer detalles de la lucha en el diario centenario.

Nuestro Perfil: ¿Cómo comenzó el conflicto?
Gladis Brotzman: Se genera a partir del reclamo de recomposición salarial. Arrastrábamos toda una negociación que surge a partir del 2001 con la salida de la Convertibilidad. Hasta esa época no pasaba nada, había un montón de desviaciones de convenio, y se fue formando todo un clima de disconformidad. La redacción se modificó, ya que antes era pasiva y para nada comprometida con lo sindical. Pero las desviaciones de convenio, las condiciones de trabajo insalubres y los salarios bajos, hicieron ebullición.

Silvia Acero: El 21 de septiembre es la primera asamblea por salarios que ocasionó el último conflicto. Se decidió pedir 2.000 pesos de aumento para todos los trabajadores. En el caso de un redactor, que gana un básico de 1.940 pesos, significaba una suba de 100 por ciento. La empresa considera que de subdirector para arriba es personal jerarquizado y no le da el mismo trato que al resto del personal. Para el convenio colectivo 301, hasta el Secretario de Redacción es representado nuestro. Por eso pedimos que toda esa gente esté incluida en este ajuste salarial. La empresa todavía no lo acepta y está en discusión para este año.

NP: ¿Cuánta gente va a las asambleas y dónde se hacen?
SA: Somos 500 personas con la redacción, la administración y la intendencia. Por supuesto que no venían todos. Las asambleas más numerosas deben haber sido de 140, como mucho. Se hacen en la redacción, producto de la lucha. Porque estaba prohibido, se hacían en un lugar de administración donde no hay gente. La lucha de los trabajadores de todos estos años impuso que ahora se hagan siempre en la redacción.

NP: ¿Cómo respondió la empresa ante el pedido de la asamblea?
SA: Cuando le bajamos la propuesta de los 2000 pesos, la patronal puso el grito en el cielo y llevó el conflicto al Ministerio de Trabajo. Las audiencias se hicieron siempre ahí, por lo que no se conversó acá sino que tuvimos que ir con el funcionario. Las asambleas sucesivas insistían, y siempre salía el mismo mandato por unanimidad: pedir los 2.000 pesos. La empresa argumentaba que, ante semejante cifra, ellos no podían ni siquiera aproximarse, con lo cual estuvimos mucho tiempo sin que formulasen una propuesta. Después vino una oferta de 150 pesos. Ahí se armó el conflicto. Las asambleas duraban cada vez más y se nos denunciaba por atrasar el diario.

NP­: ¿Cómo se llegó a la cifra de 500 pesos?
SA: La empresa cometió un error garrafal. Un día que había una asamblea que se suponía que iba a tardar mucho, porque eran 150 pesos que había que discutir, ellos se anticiparon. La asamblea termino en un horario normal, a las ocho de la noche, y decidieron sacar una edición de emergencia. El otro error garrafal que cometieron, fue que agarraron 20 personas de la Redacción y les dieron un aumento de más de 20 por ciento. Entonces, denunciamos en el Ministerio que en medio de la negociación se dieron aumentos selectivos y que, además, se sacó un diario de emergencia cuando la asamblea no había ocasionado ese conflicto. Eso a ellos los golpeó un poco. Porque no es que el Ministerio de Trabajo está con las comisiones internas a los abrazos, pero hay errores que no pueden dejar pasar. Esto los golpeó políticamente, entonces fueron subiendo las ofertas, hasta que llegamos a estos famosos 500 pesos que hemos conseguido, que son 300 pesos no remunerativos, que se cobraron el 15 de diciembre y que en abril se incorporan al sueldo, más 200 pesos más. En la asamblea no fue unánime la aceptación de esto. Pero se evaluó que mucho no se podía seguir por las vacaciones.

NP­: ¿Cómo llegó la conciliación obligatoria?
SA: Hicimos recorridas por la Redacción invitando a los compañeros que se quedaban trabajando, con aplausos, a que se sumaran a la asamblea. Y la última medida fue hacer la asamblea delante de Héctor D’Amico, que es el Secretario de Redacción. D’amico estaba en su escritorio y delante estaba toda la asamblea reunida discutiendo, hasta que llegó la conciliación obligatoria. Se nos comunicó por teléfono. El funcionario fue hasta la Redacción de La Nación con la conciliación para leérselas a los trabajadores. La gente la acató. A partir de ahí vino la negociación, sin medidas, pero con asambleas informativas.

NP­: ¿Qué se consiguió además del aumento?
SA: La empresa se comprometió por escrito que de marzo a septiembre va a discutir en el Ministerio de Trabajo el horario de trabajo de siete horas de convenio, las gratificaciones trimestrales que la mitad del personal la cobra y la otra no, y el feriado nacional que a los redactores no se les paga y muchas veces no se le deja usar el franco que se les da en compensación. Esta empresa gana paladas de dinero. Esta es una empresa clase A, millonaria, tenemos acceso a ver las facturas que hay. Si se consiguieran estos beneficios ya sería una mejora salarial importante en sí, amen del aumento general. Fue un triunfo muy grande.

NP­: ¿Cómo fue el rol del sindicato?
SA: La UTPBA (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires) cumplió un rol importantísimo en este conflicto. Realmente estamos muy conformes.

NP­: ¿Cómo se organizaron ustedes?
GB: Hemos tenido, paralelamente a las asambleas, reunión de comisión interna ampliada en un bar, donde la gente se expresaba mucho más libre que en la asamblea. En esas reuniones se generó ese diario (NdR: La Ración, que sacaban los trabajadores de La Nación) a partir de lo que decía la gente, que tenía muchas ganas de participar. De esas pequeñas reuniones paralelas se podían trasladar las decisiones a las asambleas para que las convaliden. Ahí nos enterábamos de los aprietes, a quién le habían aumentado el suelo por asistir a las asambleas para frenarlo, o a quién nombraban editor o sub-editor para que no participen más. Mecanismos para fracturar a la asamblea.

NP­: ¿Los jefes apretaron al personal?
SA: Hubo aprietes bastante densos. Pero se da una situación: la empresa está tratando a los jerarquizados de una forma bastante particular. No les da los mismos aumentos que a los empleados, están muchísimo más atrasados respecto a la inflación y hay un montón de cosas que consiguieron los trabajadores y la parte sindicalizada que ellos no tienen. Se dio un fenómeno muy especial. Si bien había gente que apretaba mal, porque los apretaban de arriba, ellos también estaban disconformes con la situación y no se podían sumar a la asamblea por la historia que tiene esta empresa. Por eso, una vez que se firmó el acuerdo, los jefes hicieron una especie de reunión sindical y le fueron a plantear a la empresa que querían los 500 pesos. Los pasaron para marzo. Estaban muy enojados en el directorio por cómo los jefes se les plantaban de esta manera. No había contra de toda la jefatura, sí de algunos secretarios y editores que tienen la camiseta puesta y piensan que el laburo no es editar el diario sino apretar a la gente. Lo llamativo fue que compañeras que habían recibido el aumento selectivo siguieron viniendo a la asamblea y dijeron: “Yo lo voy a cobrar pero estoy acá”. Eso fue muy importante para la gente. A la empresa le salió el tiro por la culata.

NP: ¿Cómo fue la experiencia de La Ración?
SA: Había gente que la editaba, otra que la diseñaba o que hacía el trabajo específico de diario. No éramos nosotros. Salvo dar una opinión o alcanzar una nota, no estuvimos en la redacción del diario. Se repartía persona por persona, lo hemos repartido en la puerta a la gente que entraba al diario, se enteraban los de afuera, que es lo peor que les podés hacer: sacar el conflicto afuera. Le tienen terror a eso.

NP: Nos llamó la atención que utilicen los argumentos de las editoriales de La Nación respecto a la seguridad jurídica y el respeto de la ley
SA: Es que acá se viola la ley. Tenemos la 12.908, que es el Estatuto del Periodista, que es una ley nacional. Y hay un convenio colectivo que ellos dicen que es viejo, porque es del 75, pero que está en vigencia. Acá se viola la ley con los feriados, con los horarios, con igual tarea igual salario, hay redactores de 7000 y de 2000, obviamente algo anda mal, y las gratificaciones y los beneficios no son los mismos para todos.

NP: ¿Cómo son las gratificaciones?
SA: Las gratificaciones son un cuarto de sueldo trimestralmente y un especial en diciembre. Un sueldo y cuarto de sueldo al año, un aguinaldo extra, que acá pagan en fecha.

NP: ¿Cuáles son los sueldos más bajos ahora?
SA: El que menos gana, es el aspirante está en 1.400 pesos. Para un redactor, el sueldo más bajo es 2280.

NP: ¿Qué mensaje enviarían a los trabajadores de prensa que salen a pelear por salarios?
SA: Lucha, lucha y lucha, no piensen quién no está, no ataquen a los compañeros que no van a las asambleas. Hablen afuera, hablen en los pasillos, traten de convencer. Acá se dio que alguien dijo: “¡Pero este está siempre sentado!”. Hagan rondas por la Redacción invitando, respetando al compañero que no se levanta. Eso a nosotros nos funcionó. No hagan locuras de pedir un paro total, porque si hay 500 trabajadores y son 70 en las asambleas, eso se vuelve complicado. Pero sí aprieten un poquito, atrasen el diario, que salga más tarde. Se asustan cuando atrasás el diario, aunque no lo vayas a parar. Atrásenlo, que salga más tarde.

GB: No permitan que se produzcan divisiones, no permitan que solucionen los problemas individualmente, esos son mecanismos de la empresa. Al compañero que no va a las asambleas no hay que criticarlo, hay que tratar de meterlo adentro, como pueda. Hay que ser respetuosos de los tiempos de la gente. En la medida que puedan ver esto, van a ir sumando más y a ellos les da mucho miedo la gente que está junta y organizada.

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Un pensamiento en “Entrevista a las delegadas de La Nación

  1. roman

    Felicitaciones por la lucha que dieron, es un ejemplo para todo el gremio. El elogio a la Utpba, sin embargo, es gratuito e insostenible. La presencia física, cual un delegado más, de un miembro de la directiva en cada instancia del conflicto, podrá ser rescatable en terminos personales pero no alcanza a disimular la ausencia esencial del sindicato en lo que a sus tareas concierne: movilizar al conjunto del gremio para apoyar la lucha de cada empresa; aunar todas esas peleas (varias empresas iniciaron reclamos salariales desde hace seis meses como mínimo) en un planteamiento conjunto, convocar al cuerpo de delegados como una palanca para impulsar este planteamiento; ir a las empresas desorganizadas para impulsar las elecciones de delegados. Nada de esto se ha hecho ni se hace y así nos va.

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