EL ÚLTIMO CONFLICTO: UNA PEQUEÑA VICTORIA

El proceso de asambleas del año 2006 llevaba poco más de un mes cuando surgió la que podría haber sido una buena herramienta de negociación para el reclamo de aumento de salarios. La propuesta fue no firmar las notas hasta tanto que no se llegara a un acuerdo con la empresa. Parecía ser una medida “moderada”, que fue bien recibida por los trabajadores. Pero la respuesta de Perfil fue mucho más dura de lo que se pensaba.

En ese entonces, más de 20 compañeros del diario cobraban un sueldo de 800 pesos en mano y 220 pesos de tickets. La suma seguía siendo baja aún para los más experimentados, que no superaban los 1300 pesos de bolsillo. Los sueldos de toda la editorial estaban igualmente atrasados con respecto al costo de vida real.

Tras casi un año de trabajo desde la apertura del diario, tan magra remuneración empezó a causar malestar entre los trabajadores, que entendían que esa suma no alcanzaba ni siquiera para cubrir las necesidades básicas.

Las negociaciones avanzaron poco y nada durante el conflicto. Ante la falta de una respuesta seria por parte de la empresa, y luego de sufrir todo tipo de presiones, se tomó la decisión de no firmar las notas como señal de protesta. La medida fue acatada por toda la editorial. Pero Jorge Fontevecchia había decidido que la pelea se centraría en el diario. Así fue que el viernes 7 de julio, los trabajadores recibieron la noticia de que, sin firmas, el Diario Perfil no salía.

El anuncio sonó absolutamente inverosímil. La asamblea ratificó la medida y logró el apoyo de algunos columnistas renombrados, como Magdalena Ruiz Guiñazú, Víctor Hugo Morales y Gonzalo Bonadeo, quienes se solidarizaron con la situación de los trabajadores.

En la edición del domingo 9 de julio el conflicto se hizo público. Jorge Lanata escribió una columna en la que apoyaba la postura de Fontevecchia, recordando una vieja anécdota en la que desafiaba a los trabajadores a publicar sus recibos de sueldo y apostaba a que seguramente no lo harían, porque les daría vergüenza ver que ganaban mucho más que sus lectores. Se equivocaba. Cualquier periodista de Perfil lo hubiera hecho con gusto. Seguramente, ningún lector cobraba un sueldo de 800 pesos.

El martes siguiente, Fontevecchia dirigió una carta en la que anunciaba la apertura del proceso de retiros voluntarios para los redactores del diario Perfil a quienes “continuar trabajando con estos sueldos” les resultara “desventajoso”. En ese escenario, la medida fue levantada y varios compañeros decidieron alejarse del diario. Y, pese a la promesa de que no habría despidos, tres compañeros fueron “invitados a retirarse”, ofreciéndoseles personalmente el retiro voluntario.

Los sueldos fueron llevados a un mínimo de 900 pesos más 264 pesos de tickets. Una suma que, un año después, sigue siendo igualmente baja e irrisoria. Los errores fueron un aprendizaje. El aumento, una pequeña victoria dentro de una larga lucha por recomponer los desactualizados salarios que hoy hacen que un periodista o un profesional administrativo deban pensar dos veces antes de decidir si este mes podrán darse el lujo de leer un nuevo libro.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s